Vida Suprema

2025.03.19 · 09:12

Trabajo

Escribir para que nadie tenga que preguntar


Trabajo a seis horas de diferencia de casi todos con quienes trabajo.

Al principio lo traté como un problema de horarios. Buscaba ventanas de coincidencia, me quedaba despierto para juntas, defendía mi disponibilidad. Estaba resolviendo el problema equivocado.

La distancia no es el problema. El problema es que la mayor parte del trabajo se transmite hablando, y lo hablado no deja registro. Se decide algo en una llamada, tres personas entienden tres cosas distintas, y en dos semanas nadie recuerda por qué.

Ahora escribo primero. Antes de proponer algo lo escribo completo: el problema, lo que consideré, lo que descarté y por qué, lo que recomiendo. Una página. Se lee en cuatro minutos, a cualquier hora, en cualquier huso.

El efecto no fue el que esperaba. Esperaba menos juntas, y eso ocurrió. Lo que no esperaba: escribirlo me obligaba a terminar de pensarlo. La mitad de mis propuestas murieron en el segundo párrafo, cuando el argumento no se sostuvo por escrito. Ahí está la mitad del valor.

Un documento sigue trabajando mientras duermo. Una junta no.

No es productividad. Es que el trabajo escrito sobrevive a la persona que lo escribió, y el trabajo hablado no.